Cuando era estudiante universitaria trabajaba para pagarme la carrera, iba a clases todos los días, entregaba los trabajos a tiempo, hacía ejercicio, tomaba clases de idiomas, salía por las noches y me divertía mucho… Y había quien me preguntaba, “¿cómo haces para llegar a todo?”.
Después empecé a trabajar y dar clases de yoga, iba de aquí para allá de un centro a otro en bici, al mismo tiempo era freelance de periodismo y daba clases de publicidad en una escuela de negocios. Además, me seguía formando los fines de semana, Pierre (mi pareja) vivía en Amsterdam, viajaba muy a menudo a verlo y practicaba ashtanga con una rutina feroz. Y había quien me preguntaba, “¿cómo haces para llegar a todo?”.
Más tarde abrí @espaciodeyoga sola, daba 23 clases semanales, gestionaba los talleres de fin de semana, limpiaba el centro y repartía flyers. Al poco tiempo, nació mi hija Lea, monté la Formación de Profesores de 200h, @espaciodeyoga creció mucho, seguía formándome constantemente y Lea no durmió más de 3 horas seguidas en sus primeros años de vida. Había quien me preguntaba, “¿cómo haces para llegar a todo?”.
Hacer más no es sinónimo de que te vaya mejor.
Si soy sincera no sé cómo llegaba a todo pero lo que sí sé es que me he sentido agotada en muchos periodos de mi vida. Con la experiencia he aprendido que “hacer más” o “ir más rápido” no es sinónimo de que te vaya a ir mejor. He aprendido el valor irremplazable del descanso y de la contemplación para alinearte con tu destino y que, por muy rápido que vayas, hay un “tiempo divino” que no podemos saltarnos: todo aquello que está destinado a ser y suceder en tu vida llegará en el momento preciso; por mucho que corras no acelerarás los ritmos divinos. Todo llega a su tiempo, como reza el dicho.
Hace unos meses, la vida me paró en seco y, aunque al principio me incomodaba tener tiempo por delante en el que no estaba sintiéndome productiva, ahora me doy cuenta de que el descanso es la manera más productiva de vivir. Es en estados de tranquilidad y relax cuando surgen las mejores ideas y cuando le das espacio a tu Ser para emerger del bullicio mental y físico en el que vivimos. Es así como me he reencontrado con mi esencia de la que me había desconectado hacía tiempo.
¿Te estás ocupando de lo importante?
Lo reconozco, estoy gozando enormemente la posibilidad de tener tiempo (o “algo” más de tiempo) para dedicarlo a mi práctica, a comer tranquilamente, a una conversación con una amiga o a un paseo con mis hijos. Estoy plantando los nuevos cimientos de mi vida y ahora el tiempo para mí es uno de los pilares en los que quiero que se fundamente. Date cuenta, nos pasamos la vida corriendo detrás del tiempo y eso nos hace sentir ocupados pero piensa… ¿te estás ocupando de lo realmente importante? Muchas veces corremos hacia adelante para no ocuparnos de nosotros mismos.
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