El viaje al encuentro de tu Ser, de tu parte divina, de tu Mujer Divina, comienza con un acto muy simple y muy complejo a la vez, la rendición.
Normalmente, esta situación se da cuando te encuentras en un momento de transformación profunda, noche oscura o crisis personal, o porque ya has pasado por ahí en otras ocasiones.
Me refiero a situaciones que la vida nos pone por delante una experiencia de este tipo en las que las estructuras de tu vida se caen (el trabajo, la pareja, tus convicciones, tus amistades…) y sientes un gran vacío dentro porque lo que antes te llenaba ya no te llena y ya no sabes quién eres, entonces es cuando estás frente a lo que comúnmente se llama “crisis” pero que, en realidad, es una oportunidad maravillosa para despertar y conectar con tu esencia, con tu Ser.
Lo que pasa es que, muchas veces, tenemos tanto miedo al cambio que nos resistimos a permitir que ese proceso de transformación y de renovación suceda. Tenemos miedo al cambio, a la incertidumbre, a lo desconocido y a salir de nuestra zona de confort que, a pesar de su nombre, se ha convertido en lo más incómodo de nuestra vida. Mira qué complejo es, ¡tu zona de confort es lo menos confortable de tu vida!
Aquí es cuando te encuentras frente a la encrucijada de si seguir adelante sin cambiar nada con todo lo que eso significa y sabiendo que, lo más seguro, es que, más temprano que tarde, vuelva a repetirse este período de “crisis” o de insatisfacción o si dejar de resistirte y rendirte al proceso.
Y es que realmente, cuando la vida te está pidiendo con su lenguaje y con sus señales, un cambio, no parará hasta que lo enfrentes pues ya sabes la expresión “a lo que te resistes persiste y lo que aceptas te transforma”.
Yo soy una fiel creyente de que hemos venido a esta tierra a evolucionar y que todo lo que nos sucede son pasajes necesarios para que hagamos los aprendizajes que nuestra alma necesita. Así que, frente a una situación así, tu alma te está pidiendo aceptación y rendición para seguir con su plan que no es otro que encontrarse con el amor.
Sin embargo, la rendición precisa mucha valentía pues implica abrirte a la confianza, a soltar el control y a dejarte conducir por una inteligencia mayor que va más allá de ti y de tu pequeña mente.
Sí, la rendición es un acto de valentía, de humildad y de fe porque aceptas que no puedes seguir conduciendo tu vida tal y como lo has hecho hasta ahora ya que no eres feliz y no te queda otra opción más que confiar en la vida y en lo que tiene preparado para ti. Debes soltar el control.
Cuando te rindes se produce una pequeña muerte de quien has creído que eras hasta ese momento y eso es doloroso porque es un duelo pero, al mismo tiempo, es un proceso muy productivo y creativo pues te permite dar a luz a tu verdadero Ser, a tu esencia, a quien realmente eres.
Y quiero aquí aclarar un concepto que a muchas personas les resulta contradictorio y es no confundir la rendición con la resignación. Rendirse es aceptar las circunstancias como son y fluir con la corriente de la vida, sin resistencias mientras que la resignación es un bloqueo, es colocarte en el papel de víctima aceptando la imposibilidad de cambiar la situación. La resignación te frustra y paraliza mientras que la rendición te empodera.
La rendición es la plena aceptación de quien eres, es entregarte con fe ante una fuerza superior y ante la vida; darte por vencida o resignarte es cuando dejas de luchar por algo que es importante para ti porque crees que no puedes lograrlo.
En realidad la rendición es la rendición de tu mente para dar lugar al corazón y vivir más conectada al amor. Todo ese lugar que ocupaba el control mental ahora pasa a ser sustituido por un estado amoroso desde el cual la vida se experimenta con gratitud y confianza.
Sin la rendición, tu corazón seguirá cerrado por el miedo y te perderás la oportunidad de vivir el destino que la vida tiene preparado para ti.
Rendirte es entregarte en silencio a la vida confiando en que todo está ocurriendo tan cual tiene que ocurrir y que la vida te sostiene.
Además, recuerda que la vida solo te pone por delante aquello que estás preparada para afrontar y que por muy dolorosa que sea una situación siempre esconde un bien mayor pues cada desastre lleva en sí la semilla de la gracia, siempre y cuando sepas verla.
Como dice Rumi, “sé paciente mientras te encuentras con la oscuridad pues el amanecer está llegando”. Así que, querida, la primera parada para encontrarte contigo misma es la rendición.
Un fuerte abrazo, Alejandra
#mujerdivina
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