Hoy me he levantado como siempre, he practicado y he ido a dejar a mi hija Lea al cole pero a las 9.15h, cuando estaba ya caminando hacia casa, me ha entrado un agotamiento inusual (de verdad, hubiera pagado para que vinieran a buscarme en carretilla) y he deducido que tendría un día largo por delante.
Lo cierto es que me he pasado los dos últimos días enteros en una formación con una sola hora para comer de descanso. (Por si acaso, informo que estoy de 5 meses de embarazo, jeje). La verdad es que creemos que cuando estamos embarazadas podemos hacer todo igual que antes pero no, he sentido un cansancio extremo al finalizar el curso.
En mi mente hoy era un día para trabajar mucho pues estoy preparando el lanzamiento de algo que me tiene muy ocupada e ilusionada y sentía que era absolutamente necesario rendir durante este día porque si no nada saldría a tiempo. Así es nuestra mente,…¡loca, catastrófica y exigente!
“No te va dar tiempo”, “no va a salir como debería”, “todo va a ir mal”, “es un desastre”, … y mil ideas como esta se agolpan en nuestra cabeza cuando el tiempo nos falta y el estrés comienza a adueñarse de nosotras. Entonces, nos dejamos inundar por el pánico, nos desconectamos de nuestras necesidades y seguimos tirando del carro aunque sea a medias, sin claridad mental y, más aún, siendo la mitad de productivas que cuando estamos descansadas.
Entonces, yo que siempre he sido de no descansar porque es “perder el tiempo” y de hacer-hacer porque sino la vida parece que se detiene y eso es muy incómodo de sostener, he decidido tomarme el día, leer y descansar. (También es cierto que soy autónoma y que, aunque suelo acabar trabajando más horas al día que cuando era empleada, tengo la posibilidad de hacer lo que he hecho hoy).
Ha habido algo que me ha ayudado mucho a la hora de tomar la decisión de escuchar a mi cuerpo que me gritaba descanso y ha sido la certeza de que “si quiero cambiar debo dejar de tomar las mismas decisiones de siempre”.
Es verdad, la culpa ha venido a buscarme en algún momento, no lo niego, pero como cada vez le hago menos caso, he dejado que se fuera igual que ha llegado.
Así es, yo he cambiado y para hacerlo ya no tomo decisiones que me hacen mal, con las que me maltrato y con las que siempre me dejo en segundo lugar (esto, sobre todo, va para las madres). Ahora me quiero, me cuido y me escucho porque sé que no existe otra manera de poder querer, cuidar y escuchar a los demás.
El descanso productivo es la manera más eficiente de ocupar tu tiempo pues te devuelve toda esa energía que parece que se te va escapando entre el lunes y el viernes, día al que llegas como un globo deshinchado para reponerte el fin de semana. Y, ¡vuelta a empezar!. Aprender a ofrecerte espacios de relax en tus días (un paseo, una siesta, una lectura en una terraza…) es aprender a quererte, a priorizarte y a convertirte en la persona más importante de tu vida porque, ¿sabes? desde ahí surge el amor verdadero hacia los demás.
PD: Es verdad, la culpa ha venido a buscarme en algún momento, no lo niego, pero como cada vez le hago menos caso, he dejado que se fuera igual que ha llegado. Si te hace sentirte culpable esta última afirmación, me parecería muy interesante que me lo compartas en comentarios
Gracias ♥
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